Blog

Segunda Oportunidad para autónomos

Autónomos

Si has tenido una empresa, sabes que las deudas no son solo números. Son trabajadores, talleres y pequeños proveedores que han confiado en ti. Por eso, cuando piensas en solicitar la Ley de la Segunda Oportunidad, tienes que saber exactamente qué es lo que estás haciendo. La respuesta es clara: la Ley Concursal no es una trampa para “borrarlo todo”, sino una forma ordenada de frenar una caída que, si no haces nada, se lleva por delante todavía a más gente.

La clave está en dos palabras: buena fe. La Segunda Oportunidad tiene sentido cuando:

  • Has intentado sacar el negocio adelante con seriedad.
  • Has dado la cara hasta donde has podido, sin crear deudas nuevas a sabiendas de que no se podrán pagar.

Lo que debes hacer:

  • Poner orden en lo laboral: contratos, nóminas, seguros sociales y certificados deben estar al día o, al menos, preparados para que puedan acudir al FOGASA o reclamar lo que les corresponde. Aunque no puedas pagar todo, sí puedes dejar los papeles en regla. Dentro de lo posible, salarios y obligaciones laborales tienen un tratamiento especialmente sensible y conviene priorizar con asesoramiento.
  • No prometer lo que sabes que no podrás cumplir: “la semana que viene os pago todo” cuando sabes que no podrás. El proveedor que te ha servido material o ha trabajado para ti también ha asumido un riesgo confiando en tu empresa. Seguir contratando y encargando trabajos cuando sabes que no vas a poder pagar puede acabar teniéndose en cuenta en una calificación culpable del concurso.
  • No eres tú quién decide a quién pagar y a quién no. No puedes pagar a unos acreedores sí y a otros no si no conoces la prioridad de los créditos. En Derecho no todos los acreedores están en el mismo plano: salarios, Hacienda, Seguridad Social, bancos, proveedores… cada uno tiene un tratamiento distinto. Si tienes que elegir a quién pagar antes, consulta con un abogado antes de mover un euro. Los pagos “a dedo” pueden considerarse actos perjudiciales contra la masa y ser objeto de reintegración. Si estando ya en una situación clara de insolvencia, decides pagar íntegramente a un acreedor “amigo”, o al que más presión te hace, y dejar desatendidos a otros (empleados, Hacienda, Seguridad Social…), un juez o un administrador concursal puede entender que ha habido trato de favor y que se ha lesionado el principio de igualdad entre acreedores. Ese tipo de actuaciones puede dar lugar a la calificación del concurso como culpable (cerrándote el acceso a la exoneración) y acciones de reintegración (que te obliguen a “deshacer” ese pago).
  • Elegir el momento de parar. No debes seguir encargando trabajos si no hay opción real de pagar. “Aguantar unos meses más” generando deuda nueva sabiendo que no la podrás atender es lo contrario de la buena fe. En cuanto tu empresa entra en insolvencia actual (es decir, ya no puede cumplir regularmente con sus pagos), como empresario tienes la obligación legal de solicitar el concurso de acreedores en plazo cuando hay insolvencia actual desde que conoces esa situación o debiste conocerla.
  • No vaciar la empresa en tu propio beneficio o a favor de familiares justo antes de solicitar el Concurso.
  • No esconder documentación ni patrimonio. Todo eso puede hacer que te nieguen la exoneración.

Solicitar el Concurso es un acto de responsabilidad: dejas de hacer daño a terceros y pones la situación en manos de un Juez.

Archivos