Solo se pueden reclamar las deudas que no hayan prescrito, y esto depende de (1) si los acreedores me siguen reclamando el pago y (2) de los plazos de prescripción, que dependen de la naturaleza de la deuda, ya que cada tipo de deuda tiene su propio plazo. Las deudas de préstamos bancarios (no hipotecarios) y de las tarjetas de crédito prescriben a los 5 años.
Teniendo esto en cuenta, lo que tenemos que mirar es cuánto tiempo han estado nuestros acreedores sin ejercer ninguna acción de recobro de nuestra deuda.
Si no hemos cambiado de dirección ni de teléfono y no nos ha llegado ningún tipo de reclamación en 5 años es cuando tenemos que pararnos a pensar cuándo fue la última vez que nos reclamaron la deuda.
Muchas personas piensan: “han pasado varios años, esto ya estará prescrito”. Pero la realidad es que, si en ese tiempo has hecho algo que suponga reconocer la deuda, es muy posible que el plazo haya vuelto a empezar desde cero.
Reconocer la deuda no es solo firmar un documento formal. Puedes estar interrumpiendo la prescripción sin darte cuenta en gestos muy cotidianos. Por ejemplo:
- Haces un pago parcial “para ir adelantando algo”.
- Firmas un acuerdo de refinanciación o de aplazamiento.
- Envías un correo electrónico admitiendo que debes ese dinero y que pagarás.
- Firmas cualquier escrito donde reconoces la existencia de la deuda.
Todo eso se considera, en términos jurídicos, un reconocimiento de deuda. Y cada reconocimiento válido interrumpe la prescripción.
¿Qué implica esto en la práctica? Que el contador del plazo no sigue donde estaba, sino que se pone de nuevo a cero. Es como si el tiempo volviera a empezar para esa deuda.
Por eso es tan peligroso confiarse y pensar “esto ya ha prescrito” sin revisar nada. Puede que, sobre el papel, hayan pasado los años suficientes, pero si en medio firmaste un acuerdo, hiciste un pago o enviaste un mail reconociendo la deuda, el plazo se habrá reiniciado.
Antes de dar por “muerta” una deuda por prescripción, es esencial revisar fechas y documentos: contratos, mails, burofaxes, acuerdos de refinanciación, justificantes de pagos parciales, etc. Un solo gesto de reconocimiento puede haber alargado la vida de la deuda varios años más.