Nuestra cliente había trabajado siempre en hostelería, como camarera. Tras terminar un contrato el 31/03/2023, capitalizó el paro y, con un amigo, se lanzaron a la aventura de ser emprendedores y ser así sus propios jefes. Crearon una sociedad mercantil el en 2023 y buscaron la financiación para abrir su restaurante en Valladolid. Su idea era ofrecer pescado y marisco fresco en un nicho poco trabajado en la ciudad.
Al principio funcionó bien y llegaron a contratar tres empleados. En octubre de 2023 una crítica negativa en redes sociales se movió mucho y afectó a la clientela.
Tuvieron que despedir personal porque el negocio ya no generaba ingresos suficientes, y quedarse ellos trabajando sin cobrar.
Empezaron a acumularse los impagos con proveedores. No queriendo tirar la toalla, siguieron trabajando, en la confianza de que sería una mala racha. Además, esperaban la llegada de una subvención de ayuda a la inversión que les serviría para cubrir los impagos, pero esa subvención no llegaba.
Tuvieron que llevar a la mercantil a Concurso. En ese momento (enero de 2025), nuestra cliente volvió a trabajar por cuenta ajena, encadenando empleos diversos, todos ellos con ingresos inferiores al salario mínimo. Además, no tenía vivienda ni vehículo.
En el momento en que solicitamos su concurso de persona física, su pasivo ascendía a 131.734,86 €, con deudas destacadas con Banco Santander (61.114,00 €) y Banco Sabadell (53.383,00 €) y con deudas con la Seguridad Social por importe de 2.665,56 €, que también fueron exoneradas.
Se declaró el concurso el 06/11/2025 y la concesión del EPI se dictó el 18/02/2026. Gracias a la extraordinaria diligencia de la Sección de lo Mercantil del Tribunal de Instancia de Valladolid, plaza n.º 1, el procedimiento tardó únicamente 3 meses y medio.
Para nuestra cliente, emprender fue un acto de valentía. Asumir la situación a tiempo y ponerle orden, un acierto.