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Del teléfono apagado… al primer verano sin deudas

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A veces la insolvencia no llega por “vivir por encima de las posibilidades”, sino por vivir. En este caso, hablamos de una mujer trabajadora, con empleos de asistencia en el hogar y cuidados, que pidió financiación para afrontar gastos y un proyecto de vida en el extranjero, convencida de que su pareja le ayudaría a pagar las cuotas. Esa ayuda nunca llegó, su pareja la dejó y se quedó sola frente a las deudas.

Al volver a España se encontró con todas las cuotas vencidas, reclamaciones insistentes y la realidad de que, aunque estaba trabajando, no le alcanzaba para ponerse al día con las deudas.

Nuestra cliente vivió una gran presión sostenida: ansiedad, cansancio y desesperanza. Aun así, no se rindió y buscó una salida legal para recuperar el control de su vida.

Lo primero fue poner orden: reunir papeles, ingresos, gastos, deudas y explicar de forma sencilla cómo había llegado a ese punto. No es una parte “bonita”, porque obliga a mirarlo todo de frente, pero suele ser el primer alivio: pasar del caos y el miedo a tener un mapa claro de la situación. En enero de 2025 se envió la solicitud de declaración de concurso.

Ya en el juzgado, el trámite fue el propio del concurso sin masa: se declaró el concurso el 18/03/2025 y se abrió un plazo para que los acreedores, si querían, pidieran el nombramiento de administrador concursal; como nadie lo solicitó, ella pudo pedir la exoneración. Y después vino lo más duro para cualquiera: esperar, con esa mezcla de incertidumbre y esperanza, hasta que llegó la resolución que le permite cerrar etapa y empezar de nuevo. El 10/07/2025 (3 meses y 3 semanas después de la declaración) llegó el Auto de exoneración (cancelación de la deuda).

Para ella, la exoneración no fue solo “un papel del juzgado”: fue el final de una presión constante. Hasta entonces convivía con llamadas incesantes y decenas de mensajes diarios. Con la resolución, ha dejado de vivir pendiente del teléfono y recuperado algo tan básico como la tranquilidad.

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